Antonio Ares Camerino
“Todas las mañanas, al sonar el despertador, salir de las sábanas se le hacía un mundo. Vueltas y más vueltas remolonas, hasta que el instinto de las obligaciones laborales se imponía. Pero aquel lunes fue especialmente duro. Día gris, un sol que no quería salir, y una tarjeta de crédito diezmada de tanto uso. Hizo de tripas corazón, y apechugó con lo que intuía que se le vendría encima. En la radio, mientras se afeitaba a tientas, sonaba la canción de Mecano…
¡Hoy no me puedo levantar
El fin de semana me dejó fatal
Toda la noche sin dormir
¡Bebiendo, fumando y sin parar de reír!
En una encuesta telefónica, realizada a más de 340.000 personas, donde se investigaba sobre el estado de ánimo del día anterior, valorando distintos estados como felicidad, tristeza, pena, estrés o enfado, se concluía que el estado de ánimo es semejante de lunes a jueves. No varía apenas y concluye que el día más triste puede ser la tarde de un domingo. Un estudio publicado en The Journal of Positive Psycohology concluye que el día más feliz de la semana es el viernes. Otro estudio de The Guardian dice que el martes. Está claro que cada día puede ser lo que nosotros queramos que sea. Puede que la salud mental pueda empeorar con el paso de las horas, pero siempre nos quedará la resistencia a sucumbir ante el desánimo.
Cada tercer lunes del mes de enero se celebra el BLUE MONDAY. Una fecha que según la narrativa popular concentra una combinación perversa de factores negativos que nos hacen verlo todo de color negro. Frio invernal, deudas acumuladas tras las fiestas, y abusos en las compras de las fechas navideñas, regreso al trabajo tras unas cortas vacaciones y el empiezo de la frustración por esos propósitos del nuevo año que no se cumplen. No existe una evidencia científica, pero algo de razón no le falta para que ese día pueda ser uno de los más aciagos del año.
El término fue acuñado por el psicólogo británico Cliff Arnall, que propuso en el año 2005 bautizar ese día como Blue Monday. Él cuenta que, empleando una fórmula matemática, fue capaz de identificar el día más deprimente del año. En contraposición está el Yellow Day, tercer viernes del mes de junio. Luz, buena temperatura, un sol que da energía, a las puertas de las vacaciones y con una paga extraordinaria en ciernes.
Todo se sustancia entre la felicidad y el destino. El tiempo se convierte en un concepto cronológico y estacional. El invierno es más de tristeza y el verano más de jolgorio. Ningún día es mejor ni peor que otro. Todo depende de cómo se afronten las circunstancias. Nuestra salud mental, puede que no dependa de del calendario, pero es la verdad que influye. La cronobiología hace de las suyas. El tiempo no es sólo un transcurso del reloj, la semana no es una sucesión de días. Todos son iguales, pero los vemos con otra cara. Nuestra salud mental puede llegar a ser tan sutil que puede ser susceptible de un calendario.
¡Apuesta por una salud mental a pruebas de almanaques!
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