La presidenta del Consejo Andaluz de Reservas de la Biosfera pronunció en el COMCADIZ la conferencia ‘Divulgar para conocer’.
“En la Biosfera hay una única salud global. La vacuna de la biodiversidad es la naturaleza bien conservada”. Con estas palabras de Fernando Valladares, investigador del CSIC y comunicador medioambiental, presentó Ana Villaesciusa, presidenta del Consejo Andaluz de Reservas de la Biosfera, las coordenadas de la conferencia que ofreció en el Auditorio del Colegio de Médicos bajo el título ‘Divulgar para conocer: el programa MaB (Hombre y Biosfera) y la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo (RBIM)’.
Como buena divulgadora, Ana Villaescusa acude a las fuentes y transmite perseverancia y pasión por la naturaleza -fue profesora de biología y no ha dejado de proyectar esa efusión docente- para afirmar, como hace la Organización Mundial de la Salud (OMS), que “defender la salud para todos y en todas partes significa proteger la naturaleza”. Ana Villaescusa clama por que escuchemos que “los ecosistemas funcionales reducen los riesgos de pandemias humanas, limitan que los patógenos salten a nuevos huéspedes y amenacen a otras especies” y que, como sostiene la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, “la fragmentación y la degradación de hábitats fomenta las enfermedades infecciosas en todo el mundo”.
Ana Villaescusa defendió la “inmunidad de paisaje” frente a la “inmunidad de grupo o de rebaño” por ser natural, más soportable y sin los costes de la segunda.

La Red Mundial de Reservas de la Biosfera está integrada actualmente por 784 reservas en 142 países. 55 de ellas son españolas y nueve se localizan en Andalucía. El Programa Hombre y Biosfera de la Unesco se orienta a una gestión sostenible de los espacios naturales que mejore la vida de las personas que ocupan esos ecosistemas, con un desarrollo social, innovador, económicamente viable y que salvaguarde la cultura de la población que ocupa esos espacios.
En consonancia con estos principios, las funciones de las Reservas son conservar esa diversidad y favorecer un desarrollo sostenible mediante un apoyo logístico que provenga de la investigación, el seguimiento, la educación y la formación.
Ana Villaescusa nos solaza cuando describe su debilidad -que es fortaleza- por los espacios verdes, por la fauna y, sobre todo, por la flora. Es tenaz –‘villaescusidad’ debería ser a estas alturas sinónimo de tenacidad-, no soporta dejar pasar el tiempo en balde, a la espera de proyectos prometidos y no sustanciados. Y así comparte su devoción hacia una iniciativa ciudadana como La Polvorilla, que ha llevado a la rehabilitación de este enclave rural de Los Barrios. Un modelo de recuperación del patrimonio etnográfico y natural que fue llevado al Congreso Internacional de Reservas de Biosfera, celebrado en Hangzhou (China) en septiembre del pasado año.
El Consejo Andaluz de las Reservas de la Biosfera, que se constituyó el 10 de junio del año pasado y que ella preside, cuenta con la participación de expertos designados por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y las universidades andaluzas, así como de personas de reconocido prestigio en temas ambientales.
Cádiz, Málaga y Marruecos comparten un hermanamiento biológico y geológico a través de la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo, la RBIM. Esta simetría es también cultural, climática, gastronómica, urbanística y arquitectónica, visible en el diseño de los pueblos y de sus construcciones. El 27 de octubre de 2006 fue declarada la Reserva de este territorio para dar a conocer estos valores conjugados: la cordillera Bético-Rifeña como soporte físico y natural, las más de 2.000 especies de flora y fauna, endemismos como el pinsapo, la sabina mora o el cedro y el papel que juega el Estrecho en las migraciones de cetáceos y de la avifauna europea y africana.
Esta enorme riqueza común que es la RBIM se concreta en dos Reservas de la Biosfera como son la Sierra de Grazalema – a su vez Parque Natural- y la Sierra de las Nieves, que también es Parque Nacional; los Parajes Naturales de Los Reales de Sierra Bermeja, Sierra Crestellina, el Desfiladero de los Gaitanes (Málaga) y la Playa de los Lances (Tarifa); el Parque Periurbano de la Dehesa del Mercadillo (Ronda) y hasta ocho Monumentos Naturales además de los Espacios Red Natura 2000 como Zonas de Especial Protección para las Aves y Zonas de Especial Conservación. Del lado africano, la RIBM se enriquece con el Parque Nacional de Talassemtane, el Parque Natural de Bouhachem y los Sitios de Interés Biológico y Ecológico (SIBE) de Ben KErrich, Jbel Moussa, Jbel Lahbib, Souk Lhad y Brikch.
Ana Villaescusa apeló a las administraciones a “ser conscientes del concepto One Health como ya lo son la ciencia y los profesionales de la salud” y trajo a propósito las palabras de José María Montero Sandoval, director de ‘Espacio protegido’ y de ‘Tierra y Mar’ de Canal Sur Televisión, sobre el “trastorno por déficit de naturaleza”, descrito por Richard Louv en 2008 como la “consecuencia de nuestro progresivo alejamiento de lo natural, hasta el punto de llegar a provocar un uso disminuido de los sentidos, dificultades de atención e índices más elevados de enfermedades físicas y emocionales”.
Como escribe García Márquez en ‘El amor en los tiempos del cólera’, Ana Viallescusa nos contó, en tarde de lluvia, “las incontables maravillas de la tierra y el agua”.









