- Antonio Jesús Bellón Alcántara.Doctor y Académico Correspondiente de Medicina
- Antonio Jesús Bellón Crespo. Doctor en Derecho y Máster en Seguridad
- Carlos Miguel Bellón Crespo. Ingeniero técnico en Informática de gestión
El jardín de las delicias es, probablemente, la obra más famosa del pintor flamenco Jheronimus Bosch, conocido en español como “El Bosco”. Se trata de una pintura al óleo sobre tabla, en formato tríptico, realizada entre 1490 y 1510. Sus dimensiones son de 220 cm x 389 cm. Se encuentra desde 1939 en el Museo del Prado de Madrid. En este cuadro El Bosco pintó criaturas híbridas, estructuras delirantes y escenas oníricas que no llegarían a entenderse hasta cuatro siglos después (Figura 1); por ello, se le considera un precursor del surrealismo. Estos elementos compositivos serían capitales para los artistas surrealistas, como Salvador Dalí, 400 años después.
En la tabla de la izquierda vemos el Paraíso o Jardín del Edén, en el centro la humanidad ávida de placeres y a la derecha el castigo infernal.

Habiendo tenido la oportunidad de contemplar este cuadro en diversas ocasiones en el Museo del Prado, siempre nos hemos sentido extrañamente atraídos por él, aunque no llegáramos a comprender sus múltiples enigmas. La interpretación de esta obra continúa siendo ambigua.
El Bosco era miembro de la Cofradía de Nuestra Señora, que mantenía estrechas relaciones con la más importante y significativa Cofradía de los Hermanos de la Vida en Común, movimiento hondamente espiritual, cuyas ideas influyeron en el enigmático arte de El Bosco. Para los cofrades, los placeres del mundo y sus tentaciones, la crueldad y la ambición eran camino seguro del infierno y sólo podían ser combatidos con las virtudes: la humildad, la caridad y la meditación. Por ello, la explicación tradicional de El jardín de las delicias como sátira moralizante es, probablemente, la más acertada.
A continuación, comentaremos determinadas imágenes del cuadro que por alguna razón nos parecen más significativas. Dado que el presente artículo ha de ser necesariamente breve, queda excluido de nuestro propósito comentar todos los enigmas que encierra esta pintura.
En la tabla de la izquierda podemos observar el Paraíso Terrenal, donde plantas, aves y animales lo pueblan todo (figura 2).

En el centro aparece la fuente de la vida. A la izquierda vemos a animales afables y elegantes, como los elefantes o unicornios, mientras que a la derecha aparecen seres deformes y malignos, como perros con dos patas o jabalíes furiosos.
En la parte inferior aparece la creación de Eva. Dios (en la persona de Jesucristo) la sostiene de la mano para presentársela a Adán como compañera. Adán se está incorporando porque acaba de despertar de un profundo sueño inducido por Jehová para formar a Eva de una de sus costillas (Génesis 2:21-23). A la izquierda de Adán aparece un drago, símbolo de la vida, mientras que a la derecha de Eva podemos observar algunos animales, como conejos, sapos, culebras y otros seres fantásticos que simbolizan los vicios. Un gato lleva un ratón muerto en su boca, presagio de violencia y muerte en el Paraíso (figura 3).

En la tabla central, aparece un estanque y la Fuente de la Eterna Juventud, con forma de una gran bola azul con personas desnudas merodeando alrededor. Representa la juventud, que es pasajera y frágil, por eso su estructura está craquelada (figura 4).
Además de la fuente, podemos observar numerosos grupos de figuras y animales, de plantas y arquitecturas fantásticas. La tabla central es una alegoría de los vicios humanos, en particular de la lujuria, simbolizada por las fresas y los madroños, frutos de los que todos comen.

Bajo la fuente podemos observar un gran círculo de jinetes (La cabalgata de la lujuria) que cabalgan sobre animales y monstruos, lo cual se ha interpretado como la humanidad arrastrada por los vicios (figura 5).

El mejillón de la lujuria (figura 6) representa la homosexualidad para algunos autores, mientras que otros lo interpretan como una alegoría del adulterio, siendo el esposo engañado el que carga con él.

La homosexualidad es innegable en la figura de una pareja de hombres, uno de los cuales se encuentra en posición genu-pectoral y de cuyo ano sale una flor, mientras que el otro porta un ramillete de flores (figura 7).

Teniendo en cuenta que la homosexualidad estaba severamente penada en el siglo XV, estas imágenes suponen un gran atrevimiento en la pintura de El Bosco.
Otros grupos también tienen una explicación clara, como el de los amantes en la bola de cristal (figura 8), ilustración del refrán El placer es tan frágil como el vidrio.

En la tabla de la derecha, El Bosco representa el infierno, donde se representan los pecados capitales y todo tipo de castigos y elementos perniciosos de la vida.
Una de las muchas curiosidades del averno es la presencia de un condenado aplastado por un laúd que lleva grabado en sus nalgas una partitura musical (figura 9). Algún estudiante de música se interesó por dicha partitura y la tituló Butt song from hell (canción del trasero del infierno), que puede escucharse pulsando aquí.

Un elemento pernicioso es el juego y todo lo que conlleva. Podemos contemplar un tablero de juego de Backgammon, que ha llegado hasta nuestros días, y que también se conoce en España como tablas reales, chaquete o chanchullo. Vemos cuchillos clavados en los tahúres como una de las consecuencias nocivas del juego (figura 10).

Para finalizar, comentaremos la imagen del hombre-árbol. Algunos expertos afirman que se trata de un autorretrato de El Bosco, mientras que otros piensan que es una representación del diablo, presente en todos los vicios; de hecho, el interior del hombre-árbol contiene una bodega con prostitutas y juegos de mesa (figura 11).

Sobre su cabeza sostiene una plataforma circular con una gaita rosada, que hace alusión al sexo masculino y femenino. En el extremo superior izquierdo de la imagen observamos unas orejas cortadas por un cuchillo. En la Edad Media era habitual cortar las manos o las orejas a quienes cometían un delito menor, como el hurto. Se interpreta como un castigo producto del pecado, pero también para hacer justicia contra aquel que no quiere escuchar la verdad. No obstante, la disposición particular de las dos orejas y el cuchillo remedan, indudablemente, los genitales masculinos.









