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El COMCADIZ se adhiere al rechazo colegial frente a las coacciones a una Médico de Familia en El Garrobo (Sevilla)

El COMCADIZ manifiesta su adhesión a las medidas legales adoptadas tanto por el Colegio de Médicos de Sevilla como por el CGCOM a raíz de los incidentes sufridos por una medico de familia del Servicio de Urgencias de Atención Primaria de El Garrobo, en Sevilla, por los que se le impidió la salida de este servicio una vez finalizada su jornada de guardia.

El COMCADIZ se suma al CGCOM y muestra su apoyo y solidaridad con la médica tras la coacción sufrida, así como el respaldo al Colegio Oficial de Médicos de Sevilla por sus actuaciones en el mismo sentido.

Al igual que el CGCOM mostramos nuestra preocupación por el posible papel que haya podido jugar la institución municipal en canalizar una legítima protesta hacia una acción de retención de un trabajador que había concluido su jornada laboral; e iniciamos las medidas legales encaminadas a una investigación que clarifique si este comportamiento ha existido, si puede suponer un delito de detención ilegal, y, en todo caso, depurar las responsabilidades personales que puedan existir.

Expresamos igualmente nuestro rechazo mas absoluto a que sean los trabajadores sanitarios los que tengan que dar la cara, y sufrir las consecuencias de decisiones de las autoridades sanitarias, con frecuencia ausentes y lejanas de la primera línea de relación con los pacientes y la población.

Los Colegios de Médicos llevamos mucho tiempo advirtiendo a las autoridades de la ausencia de una política de recursos humanos y de una planificación de efectivos; la atención primaria y los puestos de trabajo en zonas menos accesibles son el ámbito más vulnerable de este problema.

Y la profesión médica lleva, también, mucho tiempo ofreciéndose a trabajar y aportar soluciones para reflotar la descapitalización, pérdida de atractividad laboral y desmoralización de los profesionales sanitarios tras la crisis.

Los médicos, enfermeras y otros trabajadores sanitarios hemos dado ejemplo durante los largos años de austeridad de nuestro compromiso con el servicio público de salud, y hemos sostenido la atención sanitaria compensando los recortes presupuestarios, los bloqueos de contratación, y la disminución de recursos y servicios. Pero nuestra actitud positiva, fruto de una comprensión amplia y social del juramento hipocrático, no puede tomarse como una excusa para abandonarnos a nuestra suerte, o para exigirnos un nuevo tipo de austeridad autoinfligida.

No es aceptable que unos tiren la piedra desde lejanos despachos, y luego escondan la mano; menos aún que animen a la población (primeras víctimas de la reducción financiera) a presionar como si fueran culpables de las deficiencias a los médicos que les están atendiendo (segundas víctimas de la precariedad y maltrato).

Al final la solución a la retención del médico saliente de guardia por el grupo de vecinos, parece que vino de la mano de una compañera que empalmó tres días seguidos de trabajo; buena metáfora del voluntarismo profesional como cemento de un sistema que lleva mucho tiempo abandonado por sus responsables políticos e institucionales.

Este episodio lamentable de un pueblo sevillano no es más que una muestra de un ramillete creciente de desencuentros entre población y sanitarios que socavan la relación médico-paciente, alimentan la confrontación, generan agresividad, y profundizan la ansiedad y desmoralización de nuestros compañeros de la primera línea de atención sanitaria.

Las agresiones crecientes a médicos y otros sanitarios se potencian cuando las necesidades y demandas de la población no encuentran otros interlocutores accesibles, y son redirigidas hacia los propios trabajadores, que no sólo no tienen posibilidad de dar soluciones, sino que objetivamente son víctimas de las insuficiencias del sistema sanitario.

Este cuadro, además, se agrava tremendamente cuando se genera tensión desde las instituciones, que no se canaliza por cauces de protesta institucional, sino que se fomenta la acción directa hacia los sanitarios y sus centros, lo que puede facilitar amenazas y coacciones inaceptables y derivar fácilmente en agresiones.

Por el bien de todos, hay que cambiar el rumbo, hay que avanzar decididamente en una senda reformista que restaure la confianza y aborde decididamente los problemas que llevan ya mucho tiempo sobre la mesa.

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