Antonio Ares Camerino
“En aquella planta del hospital el trasiego de pacientes era diferente. Nada que ver con las visitas de cortesía a los pacientes recién operados, o con los turnos de cuidadores, familiares o profesionales de los pacientes de estancia prologada, ni siquiera con la ansiedad y el desasosiego de la sala de espera de los familiares de pacientes ingresados en Cuidados Intensivos. Allí, después de meses de tratamientos, consultas y revisiones, todos se conocían. Cuando alguien faltaba a la cita programada saltaban las alarmas. Respetuosamente guardaban su turno, pero empezaban las especulaciones. Algo más delgados, con pelucas, más demacrados, resignados, con pañuelos, con sonrisas impostadas, pero todos con un hálito de esperanza que los hacía seguir adelante. En aquella planta, hacía unas semanas, habían colocado una campana. Los pacientes lo vieron como un elemento decorativo extraño. Cuando vieron su función y su significado, todos querían tocar la campana tres veces”.
Desde el año 1988 el primer domingo de junio se celebra el Día Mundial del Superviviente de Cáncer. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que hay 32,6 millones de personas en el mundo que han sobrevivido al cáncer. En Europa se calcula que pueden ser alrededor de 12 millones, y en España, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), se calcula que pueden ser alrededor de dos millones de personas. Hasta hace unos años, el grupo de enfermedades neoplásicas (más de doscientos tipos diferentes) tenía unas expectativas de vida relativamente cortas. Algunos tipos no llegaban incluso a superar el año. Los avances en las técnicas diagnósticas por imágenes, los diseños de marcadores específicos, las novedades terapéuticas, que han permitido diseñar tratamientos personalizados, la educación sanitaria de la población a la hora de adoptar estilos de vida más saludables y las campañas preventivas de diagnóstico precoz, han conseguido convertir en enfermedades crónicas algunas neoplasias, que hasta hace poco tenían un pronóstico incierto.
Para el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC) un superviviente de cáncer es aquella persona que ha padecido una patología oncológica y ahora hace al menos cinco años que está libre de enfermedad. Los datos de las sociedades científicas nos señalan que más del 50% de las personas pacientes diagnosticadas de cáncer viven más de cinco años, y esas cifras suben hasta el 75% cuando hablamos de tumores infantiles.
Para las personas que han sido tratadas de algún tipo de cáncer es fundamental que las repercusiones de la enfermedad y de sus tratamientos sean lo más llevaderas posibles. Aspectos físicos, sociales, familiares, laborales, psicológicos y emocionales se marcan en un antes y un después del diagnóstico. Recuperar lo antes posible una vida normalizada, en todos los sentidos, es esencial para considerar que la enfermedad está en vías de superación. Aunque hayan pasado muchos años las incertidumbres, los temores y el miedo latente siempre planean sobre las vidas de las personas que, incluso estadísticamente, puede decirse que están libres de tumor maligno.
Según los datos aportados por la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), para este año 2026 se calcula que 301.884 personas serán diagnósticas de cáncer en España (168.764 hombres y 133.120 mujeres). Por localización, en los hombres, serán más frecuentes los de pulmón, vejiga y colon, y en las mujeres, los de mama, colon y pulmón. La supervivencia a cinco años, según los datos extraídos del periodo 2003-2017, es del 65,2% en mujeres y de 57,4% en hombres. En este periodo el aumento de la supervivencia ha sido mayor en las mujeres que en los hombres y mejor en las personas jóvenes que en las mayores. Los avances en técnicas diagnósticas, las novedades terapéuticas y las campañas de diagnóstico precoz, se postulan como las cusas fundamentales de estos datos halagüeños.
Los tumores malignos son, por así decirlo, inherentes a la vida. Según los expertos, nunca se podrán erradicar las enfermedades neoplásicas. Pero no es menos cierto que, más pronto que tarde, los avances científicos conseguirán convertir a este grupo tan heterogéneo de enfermedades en una enfermedad crónica más, que permita a la persona que la padece llevar una vida normalizada.
Son muchas las personas que están siendo tratadas de alguna enfermedad neoplásica y están deseando tocar la Campana.
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