Efemérides

HISTORIAS TRISTES – 20 de noviembre, Día Mundial de la Infancia

Antonio Ares Camerino

“Kevin Jesús era feliz en la selva nicaragüense. A pesar de vivir en una reserva de la biosfera, sus padres pasaban penurias para poder conseguir el sustento diario, para él y sus cuatro hermanos. Él gozaba de la naturaleza, aunque la comida escaseaba. Un día sus padres decidieron renegar de la desesperación y emigrar hacia el norte, en busca de algo parecido a una vida digna. Por delante quedaban muchas fronteras, El Salvador, Honduras, Guatemala y Méjico. Todo antes de llegar a la maldita puerta de El Paso. Hambre, dolor, miseria, vejaciones y desprecio marcaron el viaje. El prometido Dorado era de color negro. De repente no supo nada de sus padres ni de sus hermanos. Se quedó sólo”.

EE UU, el manido país de las oportunidades, sigue sin encontrar a los padres y madres de 545 niños y niñas, que fueron separados de sus padres y madres en la frontera de Méjico hace más dos años. Miles de familias fueron separadas en 2018, hasta que, por la gran indignación y la presión internacional, se dejó de hacer. En tierra hostil han quedado miles de niños y niñas. Sus padres fueron deportados a pesar del clamor de instituciones como la Unión Estadounidense de Libertades Cívicas.

A 5.209 millas de distancia la historia se repite. La crueldad la tenemos a las puertas.

“Aminata es una niña senegalesa. Hace unos meses que empezó a andar. Apenas balbucea algunas palabras, pero su sonrisa es tan bella que la iluminan esas perlas que luce en sus encías. Su madre está desesperada, apenas puede cubrir las necesidades de su hija. Ser madre soltera en el continente africano es una vuelta de tuerca al dolor. La desesperanza la lleva a tomar la decisión de partir en un cayuco rumbo a las irónicamente llamadas Islas Afortunadas. La travesía ha durado dos días. Todos han sido rescatados y llevados a puerto. Nada más llegar, a la pequeña Aminata la han separado de su madre, siguiendo escrupulosamente el Protocolo de Atención a los Menores Emigrantes, en espera de que la prueba de ADN acredite el vínculo familiar”.

“Yosuef, de 18 meses, ha tenido peor suerte. Una ola arrastró su cuerpo nuevo al fondo del mar, mientras su madre clamaba ante los dioses”.

Así se podrían jalonar un sinfín de Historias Tristes que tienen a la infancia como protagonista.

El día 20 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Infancia, una jornada que se aprovecha para organizar actividades cuyo objetivo es concienciar sobre los Derechos de los más Pequeños.

La primera referencia a esta fecha la encontramos en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, pero fue en el año 1954 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó a todos los países que destinasen un día en el calendario para dedicarlo a la promoción de los derechos de los más tiernos. Entre los objetivos de Desarrollo Sostenible que se buscan alcanzar en 2030, el Acceso a la Educación de todos los niños y niñas es uno de los más importantes. La desnutrición infantil está detrás de cada uno de tres niños menores de cinco años. Aún mueren 19.000 niños al día por causas que pueden ser evitadas, 6.400 de ellos por causas relacionadas con la desnutrición.

Según el informe de ACNUR (2019), más de siete millones de niñas y niños refugiados, que están en edad escolar, no tienen acceso a una educación básica. Con lo que ello supone de pérdida de oportunidades para poder tener acceso a un trabajo y una vida digna.

Según UNICEF, en todo el mundo hay 765 millones de matrimonios infantiles, donde las niñas son las más afectadas. La mano de obra infantil, versus explotación laboral, sigue afectando a millones de niñas y niños, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Lo que les impide recibir una escolarización básica y fundamental.

Las enfermedades evitables, los conflictos bélicos, la violencia extrema, el matrimonio infantil, el embarazo precoz, la desnutrición, la falta de acceso a la educación y el trabajo infantil, son sólo algunos de los ejemplos que constata como esta humanidad no es capaza de proteger su futuro más inmediato. Si no es por ellos, que sea por nuestro propio egoísmo.

Nade existe más vulnerable que la sonrisa de un niño. Nada es tan efímero como una infancia llena de cariño. Nada es tan sutil como ese dolor y esa hambre de los más débiles, de los que no pueden alzar su voz, pero que sus risas son capaces de mover montañas.

Crecer, aprender, jugar, desarrollar todo el potencial que la naturaleza les ha puesto a su alcance sólo es posible con amor, con cuidados, con protección que permita el desarrollo pleno de todo lo posible. Sin embargo una cuarta parte de los niños del mundo no pueden disfrutar de este derecho. No hace falta traspasar fronteras, no hay que viajar a países lejanos, esta marginación de los vulnerables está muy cerca de nosotros.

Y ahora llega la pandemia y vuelve cebarse con los más indefensos.

La Plataforma de la Infancia de España, compuesta por 67 Organizaciones de Infancia, ha elaborado un documento donde alerta de los riesgos de la pandemia en los más pequeños. El COVID-19 está teniendo un impacto devastador en nuestro país, no solo por el número de fallecidos y contagiados por el mismo, sino también por los efectos que está teniendo, y tendrá, en la calidad de vida de millones de personas en España, incluidos los niños y niñas. Los niños y niñas han visto cómo su vida ha cambiado radicalmente de la noche a la mañana. El cierre de los colegios, la imposibilidad de ir a los parques e incluso de salir a la calle, el empeoramiento de las condiciones de vida, el mayor estrés al que están sometidas las familias preocupadas por familiares enfermos o por cuestiones económicas… Además, las niñas y niños también pueden experimentar mayores niveles de ansiedad, miedo y preocupación. Las organizaciones de infancia son conscientes de la gravedad de la situación, de lo que implica la declaración del estado de alarma y de la necesidad de proteger a grupos de la población más afectados. Sin embargo, consideran que las medidas adoptadas no están teniendo suficientemente en cuenta los derechos y necesidades de la infancia, especialmente de la más vulnerable, y no encaran de manera proporcional o progresiva la situación de los hogares con niños y niñas.

Y Arguineguín suma y sigue. Y nuestra vergonzante Lampedusa se llama Gran Canaria.

BIBLIOGRAFÍA www.eacnur.org www.unicef.org/es/diafundamental-de-los-niños www.observatoriodelainfancia.es

https://www.eapn.es/covid19/ARCHIVO/documentos/documentos/1586249296_medidas-prioritarias-infancia-covid-19.pdf www.plataformadeinfancia.org.

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