Opinión

La firma de Antonio Ares: ‘De la viruela a la COVID-19’

Dr. Antonio Ares Camerino

Fuente: medicosypacientes.com

“Aquella mañana fría y lluviosa de noviembre de 1803 todo era un bullir de gentes y un trasiego de bultos de todos los tamaños en la Ría de A Coruña. En medio del puerto natural estaba fondeada la corbeta “María Pita”, hacia ella iban y venían botes que llevaban las provisiones para una larga travesía. Era una empresa financiada por el Rey Carlos IV y dirigida por el médico, cirujano y botánico, Francisco Javier Balmis Berenguer (Málaga). Desde el descubrimiento de América esta era la primera expedición estrictamente con fines sanitarios. La viruela estaba diezmando a la población en Hispanoamérica. Para intentar vacunar a los habitantes del Nuevo Continente se proponían introducir la técnica descubierta pocos años antes por Edward Jenner. 

En la expedición, que la componían, además de la tripulación, un grupo de cirujanos y ayudantes, y 22 niños huérfanos de entre cuatro y ochos años, que infectados por turnos, criaban y proveían de pústulas que eran inoculadas a los que tenían la suerte ser elegidos para beneficiarse de la novedosa técnica. La expedición duró tres años, y se salvaron miles de vidas”. 

La historia de la ciencia es una concatenación de experimentos marcados por el “acierto-error”. En medicina ese criterio nos lleva a su máximo nivel, ya que del acierto se desprende la mejoría o curación del paciente, y del error consecuencias indeseables. 

El término Vacunología aún no está incluido en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, pero seguro que le falta poco. Desde que Jenner publicó en 1798 su artículo Variolae Vaccinae, la historia de las vacunas ha estado marcada por hitos de tremenda relevancia para la salud de la humanidad. Louis Pasteur, Chantemasse y Vidal, Calmette y Guerin, Lloyds, Salk, Hilleman, Gotschlich, son solo algunos de los ejemplos de investigadores que tienen en su haber el descubrimiento de vacunas que han salvado centenares de millones de vidas.Su investigación, y sobre todo su desarrollo comercial, para que puedan estar disponibles para la población general, no es un proceso sencillo. Según los expertos oscilan entre los 4 años que duró la investigación para encontrar la vacuna de la rabia (1881-1885) y los 24 años de la vacuna de la hepatitis A (1967-1991). Algunas enfermedades infecciosas que asolan a la humanidad aún están pendientes de conseguir resultados en vacunas que sean satisfactorios (paludismo, denge, VIH,..) 

Lograr la vacuna de la Covid-19 se está convirtiendo en una carrera comercial con intereses económicos y de prestigio que están eclipsando los posibles logros sanitarios que suponen su consecución para frenar la progresión de esta pandemia de dimensiones nunca vistas. Una vacuna, ante todo, tiene que ser segura y eficaz. Su seguridad debe tener en cuenta que serán, posiblemente, miles de millones de personas las que puedan tener acceso a ella. Su eficacia vendrá marcada por su capacidad y tiempos de inmunización. Los expertos aseguran que la titulación de anticuerpos eficaces frente a la Covid-19 va a depender de la caracterización de las respuestas inmunológicas provocadas por virus similares. Algunos incluso han postulado que los anticuerpos preexistentes debido a infecciones previas por coronavirus endémicos podrían facilitar la entra del virus en las células, causando cuadros clínicos más graves. Algunas vacunas experimentales contra otros coronavirus (SARS y MERS) provocaron, en animales experimentales, la paradoja de que al inocularles la vacuna desarrollaban una enfermedad más grave en caso de exposición. (Asociación Española de Vacunología). Las técnicas que se están empleando en la investigación y en los ensayos clínicos para la consecución de la vacuna de la Covid-19 son novedosas. La OMS reconoce que actualmente existen 146 proyectos que están en fase preclínica, 36 han superado y están en fase clínica  y nueve de ellos están en fase 3.  

Ahora, más que nunca, es preciso que la sociedad mantenga el equilibrio entre su confianza y su paciencia. Al albur de la pandemia han surgido, como setas en otoño, los grupos extremistas que alientan teorías conspiranóicas. Según Julia Bener, investigadora del Institute for Strategic Dialogue y autora del libro “la vida secreta de los extremismos”, los chivos expiatorios de esta crisis de confianza en las instituciones, organizaciones y en la propia sociedad son La OMS, los filántropos que invierten y hacen donaciones, los inmigrantes y las élites judías mundiales. 

Para la Jefa de Científicos de la OMS, Soumya Swaminathan, la vacuna contra la Covid-19 no estará disponible masivamente antes de 2022. Su escenario más optimista augura que en la segunda mitad de 2021 se pueda empezar a vacunar de manera selectiva a grupos específicos de muy alto riesgo para contener la pandemia. 

Nuestros políticos, lenguaraces y desinformados, han prometido vacunas antes de final de año. Su locuacidad y atrevimiento les ha llevado a poner la guinda en una crisis que les ha venido muy grande.

El Programa COVAX, formado por 172 países y múltiples vacunas candidatas, forma parte del Mecanismo de Acceso Mundial a las vacunas contra la Covid-19. Su objetivo es asegurar la posibilidad de adquirir en común las nuevas vacunas contra la Covid-19 y garantizar el acceso justo y equitativo a ellas por todos los países. Igualmente se pretende garantizar precios muy bajos de la vacuna a las 92 economías mundiales de ingresos majos, a la cabeza el Serum Institute of India, Gavi Advance Market Commitment for Covid-19 Vaccines y al Fundación Bill y Melinda Gates.  El plazo para que los países se puedan adherir a este Programa finalizó el día 18 de septiembre. Estados Unidos ha manifestado que no pretende participar en esta Plataforma Covax, al haber roto su participación en la OMS, por considerar que es un Organismo sesgado a favor de China. Ahora más que nunca la consecución de la vacuna Covid-19 se ha convertido en un tema de Geopolítica Estratégica. 

Los medios de comunicación se han hecho eco del parón en el ensayo clínico en fase 3 de la vacuna de la Universidad de Oxford. En julio, en el mismo ensayo, surgió otro problema grave que no trascendió a los medios. El ensayo se ha vuelto a reanudar, un ejemplo de la garantía, transparencia y pulcritud con la que se están llevando acabo los estudios. En la memoria retumba el conocido como efecto Cutter. “corría el año 1955 y 200.000 niños y niñas estadounidenses recibieron unas vacunas defectuosas contra la polio”. En el proceso de fabricación no se había inactivado el virus y hubo 40.000 casos de polio, 200 casos de parálisis graves y una decena de fallecidos. 

Los expertos más optimistas nos hablan de un plazo de entre 12 y 18 meses para que algunas de las vacunas puedan empezar su producción a gran escala. Después tocará el turno de establecer prioridades, precios razonables y garantizar que toda la población mundial pueda tener acceso a ellas en condiciones de equidad. 

Según los datos de contagiados y de fallecidos por la Covid-19 a nivel mundial hacen que la consecución de la vacuna sea una prioridad mundial.¡Qué Dios nos coja vacunados!

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