Opinión

La firma de Antonio Ares: ‘La lista’

Fuente: medicosypacientes

“A menos de 10 km de la puerta de urgencias de aquel pequeño hospital empezaba la yerma España Vaciada. Muchos de los vecinos de la comarca agradecían no sólo los aspectos sanitarios sino también las tecnologías que habían venido de su mano. Desde entonces los teléfonos móviles funcionaban mejor y las cadenas de televisión se veían más nítidas y sin interrupciones. Eran más de 60.000 los habitantes  dispersos en muchos municipios y casi incontables pedanías. Aún recuerdan que a la ceremonia inaugural acudieron políticos de alto copete, y que por primera vez ocuparon un espacio televisivo. En los subtítulos aparecía Villa Salud de Arriba. Era un orgullo para todos. Nada de encontrarse en las listas top ten. Nada de diseños muéstrales entre  miles de profesionales. Nada de tecnologías punteras que muchas veces son la ruina para gastos de confirmación. Aquellos vecinos eran felices, y lo que es mejor, se sentían seguros. Su hospital no figuraba en ninguna lista pero ellos conocían por su nombre y apellidos a todo el personal sanitario que se desvivía por ellos”.

El origen de la escritura fueron los números. Para Yuval Noah Harari, autor del libro” Sapiens. De animales a dioses”, 3.400 años A.C. en una tablilla de arcilla un tal Kushim escribió una lista numérica. Según Irene Vallejo, autora del libro “El Infinito en un junco”, los primeros en elaborar listas fueron los griegos, las siete maravillas del mundo, los siete sabios de Grecia. Desde entonces somos mucho de elaborar listas para todo. Diariamente podemos recibir más de un mensaje donde se nos informa de los lugares que no debemos perdernos en las próximas vacaciones, los mejores libros que podemos leer, la mejor música que podemos escuchar. Como si nuestro gusto y deseo vaya en sintonía con el que elaboró la lista.

Dicen que España es el país de los hospitales pequeños, sólo el 9,8 5 de ellos superan las 500 camas. Algo más de 70 hospitales superan ese mítico medio millar de camas. Andalucía vuelve a estar a la cabeza con 14 hospitales, seguida de Madrid con 12 y Cataluña con 11. En los de menos de 200 camas el sector privado le gana la partida al público. De los hospitales de más de mil camas a la cabeza se encuentra el Complejo Hospitalario Gregorio Marañón de Madrid (1671 camas).

La séptima edición del Monitor de Reputación Sanitaria (MRS) ha establecido el ranking con los diez hospitales públicos más reputados de España. Se ha elaborado mediante el análisis de 6.777 encuestas realizadas a profesionales del mundo de la sanidad, 2.853 indicadores objetivos , 2.704 servicios clínicos (Personal médico, personal de enfermería, asociaciones de pacientes, periodistas sanitarios, gerentes de hospitales, gestores de enfermería, miembros de las administraciones públicas sanitarias, responsables de formación hospitalaria y directivos de empresas farmacéuticas).

El Hospital Universitario de La Paz de Madrid se encuentra a la cabeza. En cuanto a como se ha abordado la pandemia de la Covid-19, el Hospital General Universitario Gregorio Marañón toma la delantera. En cuanto a los centros privados la Clínica Universitaria de Navarra continúa ocupando el primer lugar. El resto de los diez primeros se encuentran en Madrid y Barcelona. En el ranking mundial, según la Revista Newsweek, seis hospitales españoles se encuentran entre los 100 primeros del mundo, Hospital Clinic de Barcelona, Hospital Universitario de La Paz, Clínica Universitario de Navarra, Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Hospital Universitario 12 de Octubre y Hospital Universitario Vall d´Hebron. A la cabeza a nivel mundial, la Mayo Clinic de Rochester, la Cleveland Clinic y el Massachussets General Hospital.

Existe un patrón que es común en los mejores servicios y hospitales de España, y es su orientación al paciente. Dicen que la práctica de la medicina es mejor en aquellos servicios donde la asistencia clínica se realiza de una manera integral. De eso se sabe mucho en los hospitales pequeños. Si existe una asistencia personalizada y multidisciplinar, con lo justo en personal y medios, entre servicios y profesionales esa se da en los centros sanitarios diseñados a la medida del hombre y no al servicio de la ultra tecnología. Los diagnósticos certeros y difíciles requieren de pruebas complementarias de muy alto nivel, pero éstas nunca podrán sustituir a la ciencia de talla humana del profesional médico que es capaz de intuir esa evidencia que sólo da la experiencia y la vocación, a esa intuición que trasciende de la humanidad sanitaria a la certeza diagnóstica con lo mínimo.

En todo lo que concierne al ser humano la sobredimensión sólo sirve para llegar a una desproporción que nos hace a veces perder la identidad como persona y adquirir  ese concepto numérico que nos lleva a ser seres anónimos y sin sentimientos, o eso se creen.

En el otro extremo, en cuanto a dimensión, los hospitales más pequeños. El Hospital Universitario Virgen del Castañar de Béjar (Salamanca), el Hospital de Alta Resolución de la Sierra Norte de Constantina (Sevilla) y el Hospital de Formentera (Islas Baleares).

Aquí no hablamos de sesiones clínicas con casos complejos, aquí no se realizan ensayos clínicos de fármacos que están a punto de ser el producto estrella de la industria farmacéutica, estos hospitales no están en los ranking de los que tienen más publicaciones de alto impacto, ni siquiera aparecen en los últimos cuartiles. Aquí los pacientes no sólo comparten sus dolencias sino los avatares de sus vidas. Sus profesionales no deambulan por largos pasillos ni sufren las torturas de los ascensores. En estos hospitales los profesionales están en sentido literal a pie de cama.

Las listas tienen esas, que cuando uno se queda fuera puede sufrir un atisbo de desaliento que desaparece al instante. Nada más ponerse delante de la persona que sufre el desánimo se convierte en aliento.

La pandemia de la Covid-19 ha venido a poner de manifiesto que la enfermedad se ha colado por todos los rincones. Daba igual la dimensión del hospital y su posición en el ranking, todos la han sufrido con una intensidad nunca imaginada. Sólo que el dolor, cuando se comparte a pequeña escala, se hace más intenso, más a flor de piel, con menos posibilidades de ser traspasado.

¡Habría que preguntarles a las personas usuarias de estos hospitales pequeños! A lo mejor aparecerían en algunas de las listas que valoran a los profesionales sin interferencias de ciudad, dimensión, recursos, condiciones laborales, etc.

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1 comentario

José Luis Sánchez de Lamadrid Sandoval 5 junio, 2021 at 12:38

Uno de los muchos privilegios de la senectud está en el hecho de que la edad confiere una mayor libertad para hablar y que no sean tomadas las palabras del que habla como un efecto de incensario en loor de quien se habla, o de que se habla, o que , por el contrario, sean imputadas a resentimientos o rencores o lamentaciones jeremíacas de “lo que pudo haber sido y no fue”.
Después de leer este buen artículo de Antonio Ares, me han venido a la memoria algunas reflexiones que me hice durante mi ejercicio profesional como Médico de asistencia hospitalaria. Desde los lejanos años de la década del sesenta en la que inicié esa actividad, hasta la primera década del siglo actual en la que alcancé mi jubilación, he sentido la íntima satisfacción de hacerlo literalmente junto a la cama del enfermo y, a veces, en el despacho atendiendo a los familiares que solicitaban mi información sobre sus allegados, constatando que éstos y aquellos experimentaban el calor humano que todos necesitamos en los momentos de zozobra que acompañan a la Enfermedad.
Creo que puedo hacer mías las ideas de nuestro compañero Antonio Ares, y adherirme a cuanto expresa sobre el Hospital pequeño y las a veces temidas Listas muchas veces causadas por una deficiente infraestructura de el trabajo durante las vacaciones, suplencias, “deficit” de sustitutos, etc. Y, aunque por mi situación de jubilado, no he vivido la zozobra de la apremiante urgencia y la lamentable sensación de abandono que ha acompañado a Pacientes y a Médicos durante la Pandemia , por la forzada desconexión con los familiares que supuso el peligro del contagio, he sentido como mías todas la inquietudes y amarguras del Médico, del Enfermo, y de las Familias forzosamente privadas de la esencial Comunicación entre personas que sufren y las que comparten esos sufrimientos. Reconozcámoslo en favor de los hospitales pequeños en los que siempre ejercí.

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