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“Un buen médico suma lo mejor del saber con lo mejor del ser”

A su dilatada dedicación profesional como geriatra en el Hospital San Juan Grande de Jerez y a su formación en bioética y ética asistencial, a su extensa carrera docente y a los reconocimientos que ha recibido por parte de compañeros y pacientes, el Dr. Juan Carlos Durán Alonso acaba de sumar su ingreso como Académico de Número de la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras con un discurso en el que propuso una reflexión sobre la forma de armonizar la práctica médica que compagine tecnología y humanismo.

La irrupción de la medicina basada en la evidencia supuso un cambio del paradigma empírico al científico. La tecnificación y sus ventajas pero también el riesgo de despersonalización de afloran en sus palabras. “No podemos permitir que la medicina se deshumanice”, reclama.

Dr. Juan Carlos Durán Alonso

¿Cómo recibe y valora su ingreso como Académico de Número en la RA de San Dionisio?

Para mí ha sido un gran honor el haber ingresado en la Academia de mi ciudad. Máxime cuando mi abuelo materno ya lo fuera en su día. Es una Academia que cuenta con 70 años de historia, y verme ahora siendo miembro partícipe de la misma lo he vivido con gran ilusión. Además me sentí muy arropado en el Acto de Ingreso por autoridades políticas, colegios profesionales, instituciones, compañeros médicos y amigos que me acompañaron en el mismo.

Lo asumo como una responsabilidad, comprometiéndome con colaborar en la transmisión de los conocimientos a nuestra sociedad jerezana.

Al ser una Academia de Artes, Letras y Ciencias, los miembros que la componemos somos de profesiones muy variadas, y yo como médico me comprometo a hacer partícipe con los demás los avances científicos médicos que pudieran ser de mayor interés para la población.

¿Cuáles serían en la actualidad los principales puntos de fricción entre tecnología y humanismo en Medicina?

En mi opinión, hemos vivido en los últimos años, una rapidísima evolución en la tecnología médica. Con un muy importante desarrollo tanto en los métodos diagnósticos: técnicas analíticas, introducción de la genética aplicada, como en radiología con imágenes de muy alta resolución y medicina nuclear; como en las técnicas terapéuticas, con avances en cirugía mínimamente invasiva: recambios valvulares transfemorales, laparoscopia, toracoscopia o artroscopia, tratamiento laser, e incorporación de la robótica a la cirugía. Además la transmisión del conocimiento a través de internet es rapidísimo, permitiéndonos a toda la comunidad médica estar perfectamente informados en tiempo real.  Considero este avance como algo muy positivo para todos nosotros que también debemos considerarnos usuarios de los servicios de salud.

Pero he apreciado un desfase entre los avances en la ciencia, con el desarrollo del humanismo médico. No podemos olvidar que la tecnología debe estar siempre al servicio del médico. Nunca creo que podamos ser prescindidos por las máquinas, ya que los médicos somos parte activa en el proceso de curación de nuestros pacientes. Debemos conseguir que tengan confianza en nosotros, ya que ponen en nuestras manos su salud. Debemos aportar nuestra relación de ayuda al paciente, saber comunicarle el diagnóstico, y la mejor opción de tratamiento que se le pueda ofrecer en cada momento. El acto médico con el paciente es una relación interpersonal que tenemos que saber conservar.

¿Y la relación del médico con los pacientes ha cambiado?

Pues sí que ha cambiado muchísimo en los últimos años. Y es que la medicina ha pasado del paternalismo, donde el médico era el que tomaba las decisiones clínicas y el paciente asumía todas estas decisiones de forma sumisa, a una medicina autónoma, donde el paciente una vez informado de las diferentes opciones por su médico, decide libremente la mejor opción que él considere para conservar su estado de salud.

El rol del paciente por tanto ha cambiado. Ya no se les llama pacientes, ahora se prefiere llamar usuarios. Tienen más libertad, y más conocimiento. Internet puede incluso llegar a ser peligroso, y con frecuencia llegan a la consulta no por una dolencia, sino pidiéndote que le hagas tal prueba para confirmar el diagnóstico que el mismo sospecha y ha consultado. O a que le recetes tal medicina que ha leído que es mejor que la que tú le tenías prescrita. A eso sumamos que cuando consideras que no tienen razón, e intentas llevarle la contraria, pueden enfadarse, plantear demandarte e incluso agredirte, como estamos actualmente viendo con los casos de agresiones a facultativos. Por tanto el rol del médico también ha cambiado, pasando de ser una persona considerada y respetada, a un mero funcionario al que pagamos con nuestros impuestos.

Ha cambiado de la que nos enseñaron el pasado siglo los Dres. Gregorio Marañón, con su magnífico legado sobre la historia clínica desarrollada a pie de cama del paciente, con un tiempo necesario, o Laín Entralgo, en su libro “Relación médico paciente”, donde hacía referencia que más allá de la relación interpersonal, debe llegar a conseguirse una relación de amistad y confianza entre ambos, basadas en la empatía y en las habilidades de escucha y comunicación del médico con el paciente. Hoy en día, la valoración del paciente por parte del médico debe ser integral, abordando además de los aspectos médicos, la repercusión que en su esfera funcional, cognitiva, afectiva o social que le haya causado la enfermedad. Debemos aprender a escuchar la opinión de otros profesionales, trabajar en equipo, y ser capaces de reflexionar y dialogar sobre las diferentes opciones de tratamiento que se planteen, para ofrecérselas con claridad al paciente, incluyendo muchas veces en esta relación también a la familia. Acercándose de esta forma más al método deliberativo que el profesor Diego Gracia propone para analizar los casos desde el punto de vista de la bioética.  Por tanto yo hablaría más de relación médico-equipo profesional con paciente-familia.

¿Consideras que la medicina basada en la evidencia y la protocolización de la medicina es la mejor opción para los pacientes?

Desde la introducción a finales del siglo pasado de la medicina basada en la evidencia, hemos pasado de una medicina empírica a una científica, y nos ha facilitado la toma de decisiones, unificando los criterios de actuación, y desarrollando protocolos y guías de práctica clínica de la mayoría de las enfermedades.

Con ello, podemos tener la tranquilidad que ante una determinada patología, te encuentres donde sea, te podrán atender igual, y realizar lo mismo, siendo por tanto lo mejor para los pacientes.

Pero por otra parte, y sobre todo con el envejecimiento de la población, la creciente prevalencia de enfermedades crónicas, y la complejidad de estos pacientes mayores, crónicos y pluripatológicos, obliga a realizar una medicina más individualizada, le llamamos medicina “centrada en el paciente”. Esto no quiere decir que no se siga un protocolo, sino que el médico deberá decidir hasta donde llegar en el protocolo, evitando la realización de pruebas que puedan llegar a ser innecesarias, ya que no te van a cambiar la decisión clínica y el tratamiento del mismo. No es lo mismo estudiar una anemia con sangre oculta en heces en un hombre de 50 años sin problemas de salud, que en otro de 90 años, que sea diabético, hipertenso, cardiópata, con insuficiencia renal y demencia avanzada. 

La tecnificación en Medicina es, en sus facetas de progreso y complemento, apoyo y resolución del profesional, afortunadamente imparable. ¿No se hacen pues los argumentos del humanismo médico más necesarios cada día y amplían su espacio en el futuro?

La tecnificación está acompañándose de una superespecialización de la medicina. Dentro de una misma especialidad, los médicos estamos subespecializándonos en una determinada patología, de forma que en un mismo servicio como por ejemplo Traumatología, hay el especialista en columna, en cadera, en rodilla o en hombro. O que en una especialidad médica como Cardiología esté el ecografista, el hemodinamista o el arritmólogo. Esto es muy bueno, porque permite a una persona estar perfectamente bien formada, actualizada y puesta al día en su tema concreto. Pero es muy malo a veces para el paciente, porque al verse fraccionada la atención, se limita a participar en un momento concreto de la patología del mismo, no llegando a ser su médico, colaborando en el diagnóstico o en el tratamiento. Por eso creo que debe reforzarse más si cabe la figura del médico general. Del Médico de Familia en Atención Primaria, o del Internista en hospital. Del Pediatra general o del Médico especialista en Geriatría, que pueda ver al paciente como un todo, responsabilizándose de todos los procesos de salud del mismo, participando a modo de ”director de orquesta”, coordinando la colaboración de todos los demás profesionales en cada momento, y encargándose del seguimiento continuado del paciente.

Es en esta faceta donde el humanismo más debe hacerse presente. Para ello, necesitamos tiempo. Tenemos que ponernos en el lugar del paciente y sentir su sufrimiento. Saber escucharle con atención, dejarle que nos cuenten todo, mirarle a la cara mientras nos cuenta sus dolencias, ofrecerle una mano o un abrazo si en un momento lo necesita, hablarle con claridad, y asegurarnos que nos entiende, solucionándole todas las dudas que puedan aparecer,  y aceptando sus decisiones si las toman libremente, aún si no coinciden con las nuestras.

No podemos permitir que la medicina se deshumanice. Son muchos los pacientes que se han quejado de que han ido al médico y no les ha mirado, no les ha escuchado, les ha tratado como un número… Y son muchos los médicos que por la presión asistencial, por las malas experiencias tenidas con algunos pacientes, o por cualquier otro motivo, se sienten desmotivados, quemados, no dándose a su profesión, y pagándolo con los pacientes. Nuestra profesión debe ir mucho más allá, tenemos que saber dejar nuestros problemas personales afuera, y cuando estemos tratando a nuestros pacientes, a los que nos hemos entregado vocacionalmente, hacerlos con el mejor esmero. Lo más bonito, y lo que más nos motivará en el futuro, es el agradecimiento que nos tienen los pacientes y sus familiares cuando le hemos atendido bien.

¿Cómo consideraría usted que debería ser un buen médico?

Para mí un buen médico sería el que sumara lo mejor del saber con lo mejor del ser. Saber porque tenemos que estar continuamente estudiando y actualizando nuestros conocimientos. Debemos saber los protocolos de actuación de las enfermedades que tratamos con mayor frecuencia y las mejores y más actuales opciones de tratamiento. Pero además debemos ser médicos, y para ello debemos saber comportarnos como tal con humanidad, empatía, responsabilidad y capacidad de diálogo.

Es muy importante que los que tienen labores docentes, y se encargan de la formación de nuevos profesionales, sepan además de enseñar los conocimientos actualizados, enseñar los valores que necesita un médico para ejercer su profesión. No necesitamos médicos muy enciclopédicos, necesitamos buenos médicos que sepan tratar bien a los pacientes, y eso hay que aprenderlo durante su formación. Hay que enseñar habilidades de comunicación y de dialogo, de relación, de deliberación.  

Desgraciadamente, muchos médicos cambiamos nuestra forma de actuar cuando nos toca ser pacientes, y pasamos al otro bando, viendo cómo nos tratan nuestros compañeros que nos atienden, lo que se sufre con la espera en el conocimiento de un diagnóstico, cuando recibimos malas noticias de enfermedad en nosotros mismos, o lo mal que se pasa cuando se está ingresado o en un quirófano. Saber ponerse en el lugar del paciente nos hace seguro ser mejores personas y mejores médicos.

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