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Ocio

Canadá: salimos como grupo y regresamos como familia

Margarita Montañés Garrido

Todo empezó en Cádiz, un día de levante, pero levante levante, en la estación de Renfe, un calor sofocante, algunos de los componentes de la excursión a Canadá ya nos conocíamos otros nos conocimos en ese momento.

Estábamos contentos, felices y dicharacheros quizás como presagio de lo bien que nos lo pasaríamos 1ª foto de grupo.

Salimos en punto en el tren Alvia hacia Madrid para pasar la noche en el hotel Meliá Barajas, antes de instalarnos en las habitaciones 2ª foto de grupo. Tuvimos un ratito libre antes de la cena y Carmen y Fali no dejaron pasar la oportunidad de darse un bañito en la piscina.

En ese hotel empezó la dieta hipercalórica que mantendríamos durante los 11 días que teníamos por delante. Tuvimos alguna que otra incidencia con algunas maletas pero nada demasiado aparatoso, una rueda, un asa, una barra extensible. Al día siguiente temprano, pero que muy temprano, salimos hacia el aeropuerto para coger el vuelo que nos llevaría a Toronto, con cuarenta minutos de retraso, nuestro primer destino en Canadá

Nos acompañaba en el viaje nuestro guía favorito Ángel Martín que se preocupa de que todos estemos bien atendidos y resolver los problemas que surgen (a veces se mosquea un poquito porque no le hacemos ni caso).

Ya en el aeropuerto justo en la puerta de embarque 3ª foto de grupo. El vuelo fue entretenido. Nos dieron de comer, de merendar y de cenar y además, teníamos en el asiento de delante unos monitores con múltiples funciones (pelis juegos etc.) para distraernos. Cuando aterrizamos, entre todos comentábamos que nos habíamos visto una media de tres pelis cada uno.

Nos recibió en el aeropuerto un guía de Canadá Aurelio hombre delgado moreno mestizo no muy alto con acento mejicano. Él fue el que nos hizo la 4ª foto de grupo en la mismita salida del aeropuerto de Toronto. Nos condujo al bus con el que recorreríamos todo nuestro circuito. En él se encontraba esperándono François, nuestro chofer durante toda nuestra estancia en Canadá.

En el bus de forma espontánea nos asignamos los asientos casi en propiedad para todo el viaje. Unos más modositos y atentos al frente y los menos modositos al fondo.

Empezamos el tour por Toronto como en San Fernando, un rato en bus y otro caminando. Aurelio nos contaba la historia de Toronto al mismo tiempo que decía cosas en broma: Al principio pensábamos que estaba un poco loco incluso comentábamos que “tenía una pedrá” como se suele decir en Cádiz, pero con el paso de los días demostró ser un perfecto guía, muy formado y siempre preocupado por nuestro bienestar.

Y llegó el almuerzo en el Hot House Restaurant y con él nuestro primer brindis. A la salida, 5ª foto de grupo. De nuevo al bus para continuar la visita panorámica por Toronto donde pudimos apreciar la variedad de arquitectura de casas coloniales mezcladas con los rascacielos, la Bay Street, el sector financiero, el nuevo ayuntamiento, y que según Aurelio nos contó se veía desde el cielo como si fuera un ojo. El parlamento de Ontario la universidad de Toronto, la Yonge Street, el centro Eaton y la Torre CN donde disfrutamos de la cena en el restaurante giratorio desde donde se divisaba torontontero, y en una de los giros pudimos ver a vista de pájaro el estadio de béisbol donde se estaba jugando un partido. Segundo brindis y a la salida 6ª foto de grupo. En el hotel me tocó en el piso 34 desde donde las vistas impresionantes fueron la culminación de ese día.

Al día siguiente después de un buen desayuno, subimos al bus para dirigirnos hacia las cataratas de Niágara, pero antes hicimos una parada en la bodega PELLER para degustación de sus vinos. Lo más impactante fue que para poder degustar el ICE-WINE tuvimos que ponernos unos chaquetones para el frio, pues se almacenaba en una cámara a -10ºC y decorada toda ella como un bar de hielo. Era evidente que la 7ª foto de grupo tenía que ser allí. En el restaurante de la bodega nos sirvieron el almuerzo donde pudimos hacer muchas fotos pues teníamos unas vista encantadoras de los viñedos.

Continuamos camino a Niágara para ver las cataratas. Allí nos dieron unos chubasqueros de plástico rojo para subir a un mini crucero que nos acercó por el rio hasta la caída del agua. Nos pusimos chorreando pero estábamos felices y sorprendidísimos de ver las cataratas tan de cerca. Por eso le cantamos el vaporcito y el himno del Cádiz (me han dicho que el amarillo). Isidoro y Lola incluso se arrancaron a bailar. En el barco se encontraban algunos españoles que se sorprendían de nuestra alegría. Terminó la excursión en el barco y 8ª foto de grupo. Ya en el bus François nos paseó para poder hacer fotos desde otros lugares a las cataratas. La sorpresa fantástica del día fue la cena en el Watermark Hotel Restaurant situado en el piso 33 donde las vistas panorámicas de las cataratas eran majestuosas con la iluminación nocturna cambiando de colores en la caída del agua.

Miércoles 5 de septiembre. Antes de despedirnos de Toronto para dirigirnos a Ottawa algunos disfrutamos de un pequeño paseo por el lago Ontario hacia una pequeña isla que teníamos frente al hotel (CENTRE ISLAND). Nos dirigimos hacia Rockport, pueblo donde embarcamos en un crucero para observar un maravilloso paisaje de las llamadas MIL ISLAS, donde se podían apreciar mansiones de diverso tamaño en sus correspondientes islas de diverso tamaño: Algunas estaban en el lado de Estados Unidos y otras pertenecían a Canadá incluso en una de ellas había un puente de no más de 10 metros que unía dos islas, una canadiense y otra estadounidense y en el puente se podía distinguir la frontera.

Antes de subir al autobús 9ª foto de grupo.

Para el almuerzo en una casa chalet colonial Swiss chalet. 10ª foto de grupo y otro brindis. Cuando salimos, justo antes de terminar el almuerzo por sorpresa cayó una auténtica tromba de agua.

Llegada a Ottawa capital de Canadá donde realizamos la obligada visita panorámica de la ciudad y más tarde visitar el museo de la civilización es un museo digno de visitar con la historia de Canadá desde los pueblos primitivos hasta el presente, con extraordinarias esculturas y exposiciones. A la salida 11ª foto de grupo.

Llegada al Hotel, suelta de maletas y marcha al restaurante Tosca para la cena. Brindis protocolario y 12ª foto de grupo.

A la mañana siguiente después del desayuno visitamos el parlamento, cámara de los comunes y senado así como la impresionante biblioteca de madera que se salvó del incendio que se produjo en el parlamento en……….. Al salir nos hicimos una foto de grupo, la 13ª , en una espectacular fuente donde el agua estaba coronada por llamas.

Salimos hacia Mont Tremblaint, una estación de esquí al este de Canadá donde almorzamos en el restaurante Shack situado al pie de una montaña que más tarde subiríamos, 14ª foto de grupo, en lo que allí le denominan góndola una especie de teleférico descubierto. Curiosamente cuando subíamos descubrimos unos cervatillos comiendo. Una vez arriba pudimos contemplar el maravilloso paisaje desde un mirador de madera en el pico más alto de la región, observamos el inmenso bosque de arces y pinos y el inmenso lago. Al bajar foto de grupo nº 15. Tras bajar de la montaña algunos pudimos dar un paseo por el pueblo que era una verdadera preciosidad. Otros hicieron una ruta de senderos . Algunos lo aprovecharon todo, paseo, sendero y jacuzzi, sobre todo Antonio Modelo (no es por señalar).

Cenamos temprano pero no faltó el brindis en el Restaurante Le Comptoir del Hotel FM Tremblant, donde también estábamos alejados. Recogida para salir al día siguiente para Wendake

Teníamos por delante 400 km. Nos dirigimos por la carretera 15 Sur-Norte que atraviesa Canadá, a la reserva indígena de los Hurones. En ruta visitamos una granja de bisontes en un vehículo abierto en el que nos pudimos acercar a la manadas para así verlos de cerca. Algunos pensaban que se encontraban en una batea de coro de carnaval. Nos contó Aurelio que los dueños de la granja de bisontes eran una pareja joven y emprendedora, Kevin y Lucie. 16ª foto de grupo en la batea.

En la granja nos sirvieron un almuerzo tradicional a base de bisonte en un Restaurante muy típico llamado La Bissoniere, con las paredes de troncos decoradas con gran número de animales disecados. Brindamos y otra foto de grupo, la 17ª antes de continuar.

Tras el almuerzo continuamos hacia el hotel donde pasaríamos la noche, el Hotel musee DE premieres nations en WENDAKE, hotel museo donde pudimos admirar una interesante colección de la riqueza cultural y la sabiduría de la civilización Huron-Wendat. En los alrededores, acompañados por un guía local, descubrimos sus casas antiguas incluyendo la reproducción de una casa indígena comunal.

Al entrar en la casa comunal todos estábamos muy atentos con la historia que nos contaba el guía, curiosidades de su forma de vida como la distribución de las tareas, quién cazaba, quién cuidaba la familia, cómo se conservaban los alimentos, y cómo se distribuían las familias los espacios comunales. Cenamos en el restaurante del hotel con el obligado brindis y nos fuimos a descansar pues a la mañana siguiente nos esperaban otros 400 km camino a LA MALBAIE.

De nuevo a moverse. Ya en el autobús, camino al norte, nos embarcamos en un ferry para cruzar al otro margen del río Saguenay, afluente del río San Lorenzo, en dirección a Tadoussac, un antiguo pueblecito pesquero súper turístico. Almuerzo muy rápido en el precioso Hotel Tadoussac. Corriendo porque llegábamos tarde, embarcamos en otro barco especializado en el avistamiento de ballenas. Seguro que a este respecto encontramos un montón de opiniones creo no equivocarme cuando digo que se dejaron ver poco a pesar que lo intentamos de un lado para otro del barco algunos lomos, algunas colas algunas respiraciones con vapor de agua. De cualquier manera fue emocionante, ha merecido la pena.

Según pude leer en algunos comentarios de internet la mejor hora para el avistamiento de ballenas era por la mañana temprano pues las ballenas salían para desayunar.

Creo que ya habían desayunado cuando llegamos.

Antes de marcharnos para La Malbaie, destino para el alojamiento de ese día, pudimos ahora sí disfrutar del maravilloso Hotel Tadoussac y de sus impresionantes vistas donde nos hicimos nuevas fotos de grupo y de no grupo. Cruzamos nuevamente el Saguenay en ferry y nos dirigimos hacia LA MALBAIE hacia el alojamiento en el AUBERGE 3 CANARDS donde algunos se atrevieron a aporrear el piano hasta que vino ….. que efectivamente sabía tocar el piano. Después de la cena en el restarurante del albergue, algunos decidimos dar un paseo para ver el impresionante HOTEL FAIRMONT LE MANOIR RICHELIEU donde se celebró el G7.

Domingo 9 de septiembre. Después de desayunar subimos al autobús para dirigirnos a la ciudad de Quebec pero Carmen Sebastianes que era una de las exploradoras del hotel del G7, le sugirió a Aurelio que nos llevara para que todo el mundo contemplara lo que la avanzadilla de la noche anterior descubrió: el gran HOTEL FAIRMONT LE MANOIR RICHELIEU. Allí hicimos muchas fotos y más fotos de grupo.

Continuamos para Quebec, capital de la provincia. Parada en ruta para visitar el cañón Sainte Anne, un espectacular cañón, un lindo paseo por la naturaleza, agua entre rocas, rápidos, cascadas, naturaleza en estado puro, el camino recorre el cañón a través de 3 puentes colgantes y bastantes escaleras ofreciendo unas magníficas vistas tanto del cañón como de las cascadas. Uno de los puentes mide casi 60 m., resultando ser el puente colgante el más alto de Quebec. En este entorno se ofrecen actividades , como una vía ferrata o el Air Canion, el cual parecía ser un apacible paseo en una especie de telesilla o de tirolina, donde vas sentado, tan sólo un cinturón de seguridad que no te sujetaría en caso de caída, y donde el “telesilla sale disparado hacia atrás, se frena sobre el cañón unos segundos para que puedas contemplar la caída suspendido en el vacío y regresa hacia adelante a algo menos de velocidad.

Para el almuerzo nos dirigimos a una cabaña de azúcar, ERABLIERE DU LAC BEAUPORT. A la entrada nos encontramos un señor tocando la guitarra en lo alto de un escenario y unas sillas esperando que algún atrevido las utilizara. Aurelio nuestro guía cogió una especie de palo con el extremo abierto que resultó ser un instrumento musical y nos enseñó cómo se tocaba y allí que nos sentamos a tocar el instrumento acompañando al cantante. Nos sirvieron un original y típico almuerzo de leñadores y nos explicaron cómo era la ceremonia (resumiendo, cucharón y paso atrás). Había otro grupo que parecían tener conocimiento del folclore de la zona y así lo demostraron realizando un baile típico.

Tras el almuerzo y más fotos de grupo (como veis ya he dejado de contar las fotos de grupo). En otra de las cabañas nos mostraron el arte de la producción del jarabe de arce que se realiza con la savia de los arces: Se debe esperar al mes de marzo cuando las temperaturas diurnas son positivas pero las nocturnas aún siguen por debajo de cero grados. Se perforan los árboles y conectan unos grifos a los troncos de los arces desde los que se vierte directamente la savia a cubos metálicos para su posterior elaboración.

Otra de los productos típicos es el caramelo de jarabe de arce. Se vierte jarabe caliente sobre la nieve y se espera a que solidifique. La textura cambia rápidamente y se convierte en un caramelo helado.

Continuamos nuestro viaje hacia la capital, Quebec. Después de la obligada visita panorámica en autobús, paramos para visitar el Museo de la Civilización que era muy interesante y le prestamos nuestra máxima atención como lo demuestra las fotos que Chiruca subió al grupo de Whatssap donde se nos podía ver a todos muy atentos pero a nuestros teléfonos porque había wifi, que por cierto es la pregunta que más le hicimos a los guías en cualquier sitio al que llegábamos, ¿hay wifi?.

Luego el detalle tecnológico de Aurelio que repartió unos auriculares para darnos explicaciones en nuestro paseo a pie por el centro histórico dela ciudad.

El centro histórico de Quebec es el único recinto amurallado de Canadá, de estilo francés, y ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Durante esta visita a pie, pudimos contemplar un mural que representativo de la historia de la ciudad y que “no passsssha nada” nos explicó exhaustivamente, imagen por imagen.

Luego nos llevó hacia la Rue de Petit Champlain, la calle más antigua de Norte América, donde además se encontraba el funicular que nos llevaría al día siguiente a la parte alta. Subimos en bus a la parte alta. Vimos la basílica de Notre Dame, la Asamblea Nacional, el castillo de Frontenac reconvertido en hotel y gran número de edificios antiguos con los techos de cobre. Pudimos caminar por las calles comerciales de la Upper Town hasta llegar al HOTEL HILTON, nuestro alojamiento en Quebec. Un poco más tarde fuimos a cenar al RESTAURANT LOUIS HEBERT, donde como novedad brindamos. Luego a descansar no sin antes hacernos más fotos de grupo.

El lunes después del desayuno partimos hacia las cataratas de Montmorency un paseo fantástico por la naturaleza. Cuenta una leyenda local que una enamorada se arrojó  vestida de novia desde el mismo sitio en que murió su novio en  1759 en la batalla contra los ingleses por defender Quebec. La leyenda dice que el velo fue arrastrado por el viento y se depositó en una roca donde apareció una catarata nueva, al lado de la catarata de Montmorency y que desde entonces se conoce como EL VELO DE LA NOVIA. En los jardines que rodean la catarata pudimos ver una exposición representativa de esta leyenda formada por trajes de novias, algunos más que peculiares hechos con piedras.

Las cataratas, se precipitan 83 metros en picado hasta caer en un remanso del río San Lorenzo en forma de cuenco. Son casi 30 metros más altas que las cataratas del Niágara, aunque su anchura es mucho menor. El puente colgante que cruza directamente por encima de las cataratas es fantástico. También pudimos admirar las vistas desde otros lugares y perspectivas desde donde pudimos hacer magníficas fotos y vídeos. No sé cuántos escalones bajamos antes de sentir la salpicadura del salto de agua, y que según nos contó Aurelio en invierno se congela.

La isla de Orleans es una pequeña isla en medio del río San Lorenzo. Se accede a ella a través de un puente colgante (puente de Beauport) finalizado en 1932 (fecha también del nacimiento de la madre de Aurelio) y por su única carretera que da la vuelta a la isla pudimos admirar sus casas: Casitas de madera de una sola planta, rodeadas de árboles, en medio de un paisaje idílico. No vimos a casi nadie, estaba todo como vacío: Paramos en un mirador con unas hermosas vistas, a un lado el rio San Lorenzo y al otro podíamos ver las cataratas Montmorency. Finalizado nuestra visita a la isla, pusimos nuevamente rumbo a la ciudad de Quebec

El almuerzo lo hicimos en un restaurante italiano cercano al muelle, en la ciudad vieja, el restaurante ERABLIERE DU LAC BEAUPORT. Después disfrutamos de un crucero por el rio san Lorenzo y pudimos volver a contemplar la isla de Orleans y el puente Beauport desde una perspectiva diferente. Cuando bajamos del barco pudimos disfrutar de un ratito libre antes de la cena para que pudiéramos hacer fotos y compras. Y eso hicimos sacamos algunas fotos del corazón del barrio histórico en el que coexistía la arquitectura moderna con los edificios antiguos, mostrando un buen ejemplo de integración. Como es natural nos quedamos con las ganas de dedicarle más tiempo a la ciudad baja. 

De allí subimos en el funicular con paredes de vidrio con vistas al Lower Town (Ciudad Baja) y al Vieux Port (Puerto Viejo). El funicular nos dejó en la plaza donde se encuentra el majestuoso Chateau Frontenac en el Upper Town. Frente a este hotel se encuentra el monumento a Samuel de Champlain fundador de la ciudad.

Camino al hotel para la cena nos encontrábamos con otros miembros del grupo y cómo no, nos hacíamos fotos de grupo. La cena fue en el RESTAURANTE ENTRECOT ST. JEAN en la calle del mismo nombre, muy cerquita del hotel.

Al día siguiente salimos hacia LA MAURICIE con 395 Km. por delante. Almuerzo en ruta en Saint Alexis de Mont, en un restaurante que además era una fábrica de cerveza, el MICROBRASSERIE DE LA NOUVELLE FRANCE. El diseño interior era muy interesante y con vistas al a fábrica de cerveza. Probamos la cerveza local, muy buena y con presencia de frutos rojos.

Continuamos hacia LA MAURICIE y llegamos al HOTEL SACACOMIE, un hermoso resort de madera en un paraje rodeado de extensos bosques, lagos con playas. Allí nos sirvieron el almuerzo, y a continuación pudimos disfrutar de un paseo hasta el lago y montar en canoa. La sensación al estar en medio del lago en el centro de la naturaleza fue indescriptible. Lo único malo es que se nos hizo muy corto el paseo porque nos esperaba un bus escolar amarillo, típico de las películas americanas, para llevarnos a observar a los osos desde una especie de cabaña en medio del bosque.  el guía un chico que hablaba bastante bien español nos recomendó que mantuviéramos silencio para no asustar a los osos, llegaron seis o siete osos a comer y pudimos disfrutar de este insólito espectáculo natural de ver osos salvajes a tan corta distancia. Después nos fuimos a ver los castores en su hábitat donde también nos metimos en una cabaña de observación que realmente parecía un palomar. Allí disfrutamos de la aparición esporádica de Charlotte la castora. 

De vuelta al hotel para la cena y después de la cena donde algunos, en vez de irse a su cuarto a descansar se pusieron a jugar al billar.

Nuevo día y tras el desayuno salida hacia Montreal: Visita panorámica en bus por la ciudad. Nos bajamos en un mercado muy típico y pudimos degustar y ver el colorido y la variedad de frutas y verduras así como otros productos típicos de la zona. Almuerzo ofrecido en el RESTAURANTE VIEUX PORT STEAKHOUSE. Continuamos con la visita panorámica en el autobús para después del alojamiento hacer una visita por la ciudad subterránea.

Salimos a la calle Rue Notre Dame y continuamos hasta llegar a la basílica de NOTRE DAME donde entramos con los auriculares de Aurelio para que nos contara su historia: El maravilloso interior de la basílica es increíble con ricos colores y un diseño impresionante. El órgano es uno de los más grandes del mundo, y además en ella se celebran conciertos pues el interior de madera crea una acústica extraordinaria.

Tras la visita salimos de la Basílica y tuvimos que ponernos a la cola para entrar de nuevo y contemplar el maravilloso espectáculo de luz y sonido que se nos ofreció. Llegada al hotel para prepararnos para la cena en el RESTAURANTE DECCA 77 (éste estuvo regular servido, y además nos tuvieron que preparar un postre de ultimo hora).

Al día siguiente el desayuno se servía en la última planta donde teníamos unas vistas impresionante del rio San Lorenzo y panorámica de la ciudad. Subimos al bus para subir a la montaña de Mont Royal y al oratorio Frère St. Joseph donde de nuevo pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares de toda la ciudad: Almorzamos en un establecimiento muy emblemático de Montreal, el RESTAURANTE W&G situado en la Rue Crescent: Después visita al inmenso jardín botánico. Ya se nos empezaba a ver un poco cansados yla mayoría buscábamos un sitio donde poder sentarnos. Regresamos al hotel donde tuvimos un rato para pasear por nuestra cuenta y luego irnos a la cena de despedida.

Cena, brindis, foto de grupo (qué raro), cumpleaños feliz a nuestro amigo Isidoro. Así nos despedíamos de Canadá en el RESTAURANTE POIS PENCHÉ, una fantástica cena siempre acompañados por Ángel y Aurelio. Al salir ya no nos hicimos foto de grupo sino FOTO DE FAMILIA.

Podría seguir escribiendo, cada día me levanto añadiendo algo nuevo a esta crónica, seguro que faltan cosas, momentos, situaciones pero hay que terminar gracias por vuestra compañía Familia.

Ver vídeo-resumen del viaje

 

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