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Deontología

Deontología: Sobre la relación de los médicos entre sí

Históricamente, la relación sanitaria ha sido fundamentalmente persona a persona; para entendernos mejor, entre el médico y su paciente. Pero en las últimas décadas los cambios tecnológicos y organizativos nos han llevado a una relación con equipos multidisciplinares, creando un nuevo ámbito de relación entre compañeros.
Con la popularización del derecho a una segunda opinión y la divulgación de las actividades e investigación médicas, se ha llegado indiscutiblemente a crear dificultades en la relación entre los médicos. Hoy por hoy, en cualquier Comisión Deontológica, provincial o autonómica, es cada vez más frecuente recibir una denuncia entre colegas por infringir el Código de Deontología Médica (CDM).
Como la medicina es la ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidad, hoy el trabajo del médico está frecuentemente cuestionado, y no siempre de manera cualificada. La aparición de tensiones entre médicos, originadas por muy diversas razones, es un hecho que ha provocado perennes denuncias en los Colegios de Médicos y pensamos que esto se evitaría con más reflexión y un conocimiento real  y más profundo del Capítulo VIII de nuestro CDM.

En su articulado el capítulo consagrado a estipular cómo ha de ser la relación de los médicos entre sí se establece ya de inicio que “la confraternidad entre los médicos es un deber primordial y sobre ella sólo tienen preferencia los derechos del paciente”, para afirmar a continuación que los médicos “deben tratarse entre sí con la debida deferencia, respeto, lealtad, sea cual fuere la relación jerárquica que exista entre ellos”. El CDM determina como una obligación del médico la defensa de aquellos colegas que hayan podido ser objeto de ataques o denuncias injustas. La crítica despectiva hacia la actuación de algún compañero merece también la reprobación de los ‘padres’ redactores de nuestro Código Deontológico, que consideran como circunstancia agravante si esa crítica se realiza “en presencia de sus pacientes, de sus familiares o de terceros”.
Asimismo los médicos deben compartir sus conocimientos científicos en beneficio de los pacientes y si también es compartida la responsabilidad asistencial de alguno de esos pacientes “deben proporcionarse la información necesaria de forma clara y comprensible, evitando las siglas y terminología no habitual. “Nunca -advierte el CDM- es aceptable un caligrafía ilegible”. Por otra parte, las lógicas discrepancias que pudieran surgir entre colegas no pueden derivar nunca en el desprestigio público de ninguno de ellos. El CDM es taxativo a la hora de intentar delimitar el daño o el escándalo que este tipo de comportamientos pudiera causar, aseverando que nunca están justificadas las injurias a un colega: “Se evitarán las polémicas públicas y las divergencias se resolverán en el ámbito profesional o colegial”. Afina aún más el CDM este último aspecto al señalar que “no supone faltar al deber de confraternidad el que un médico comunique a su Colegio con discreción las infracciones de sus colegas contra las reglas de la ética médica o de la práctica profesional”.
Merece la pena detenerse en la forma en que el CDM considera que pudiera estar dándose una intromisión o injerencia de un médico en la labor de otro compañero. Tras señalar que ningún médico interferirá en la asistencia que esté prestando otro colega, el CDM puntualiza que “no se considera interferencia la atención de urgencia o la libre consulta por parte del paciente a otro médico, aunque advertirá al paciente del perjuicio de una asistencia médica múltiple no consensuada”.  También entra de lleno en fijar el comportamiento idóneo cuando el profesional o el paciente recurren a una segunda opinión. Ante esta circunstancia el médico “puede proponer al colega que considere más adecuado como consultor o aceptará al que elija el paciente. Si sus opiniones difieren sustancialmente y el paciente o su familia decidieran seguir el dictamen del consultor, el médico que venía tratando al paciente queda liberado de continuar su asistencia”.
También resulta esclarecedor el CDM al referirse al entorno de colaboración y de equipo que muchas veces concierne y condiciona la labor individual del médico, que siempre “debe mantener buenas relaciones con los demás profesionales al servicio de la salud y tendrá en consideración las opiniones de ellos acerca del cuidado  de los pacientes; respetará el ámbito de las competencias de sus colaboradores y procurará  que cada miembro del grupo cumpla  correctamente sus obligaciones específicas”.
Y una vez más recuerda la intermediación del Colegio y el deber de ponerlo en conocimiento de éste “cuando un médico tuviera conocimiento de que otro compañero está siendo sometido a acoso moral o a coacciones en su ejercicio profesional”.

Dr. Fernando de Souza Firmo. Vocal de la Comisión Deontológica del COM de Cádiz

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